La frase del día # 002
«Uno siempre está escribiendo la misma obra, y ésta es siempre errónea, por eso se escribe la siguiente.»
Rafael Spregelburd.
En: Milenio,
http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=421367
No es la primera vez que un autor afirma algo similar, pero conviene recordarlo.
Desde hace unos cuantos años, algunos editores españoles, especialmente los relacionados con la llamada poesía de la experiencia, han decidido ir publicando ediciones que reúnen las obras ya publicadas de los poetas más o menos oficiales del momento. De modo que muchos de esos poetas entre 30 y 50 años, algunos hasta más jóvenes, ya tienen editadas sus «obras completas»: pronto empiezan.
Lo curioso es que los libros se publican exactamente igual, no hay correcciones que hacer, no hay nada que suprimir, son perfectos. Incluso algunos añaden poemas de juventud, ¡cuánta ternura!, robándole la tarea a esas viudas (o viudos) que se dedican a rescatar cualquier inédito con el loable fin de mantener viva la memoria ajena y el bolsillo propio.
Sin embargo, para los editores, debe ser un negocio muy rentable, mucho más que reeditar un buen libro que esté fuera de catálogo. Hoy día es mejor publicar mucho y reciclar con rapidez, nadie obliga de momento a poner fecha de caducidad en la cubierta de los libros, pero les aseguro que ya no se pudren ni en las estanterías ni en los almacenes. Mejor el tres al precio de uno, cuando el precio de uno ya cuesta lo que sumaban tres (o más).
Si por algo serán recordados muchos de esos «poetas» será por la total ausencia de espíritu crítico hacia la propia obra, una obra que, en general, se fundamenta en la anécdota cotidiana. Cuesta entender cómo no ven lo desfasados que han quedado ciertos versos en menos de veinte años, su ausencia de tensión poética, su superficialidad insulsa, su insostenible adolescencia caducada.
Rafael Spregelburd.
En: Milenio,
http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=421367
No es la primera vez que un autor afirma algo similar, pero conviene recordarlo.
Desde hace unos cuantos años, algunos editores españoles, especialmente los relacionados con la llamada poesía de la experiencia, han decidido ir publicando ediciones que reúnen las obras ya publicadas de los poetas más o menos oficiales del momento. De modo que muchos de esos poetas entre 30 y 50 años, algunos hasta más jóvenes, ya tienen editadas sus «obras completas»: pronto empiezan.
Lo curioso es que los libros se publican exactamente igual, no hay correcciones que hacer, no hay nada que suprimir, son perfectos. Incluso algunos añaden poemas de juventud, ¡cuánta ternura!, robándole la tarea a esas viudas (o viudos) que se dedican a rescatar cualquier inédito con el loable fin de mantener viva la memoria ajena y el bolsillo propio.
Sin embargo, para los editores, debe ser un negocio muy rentable, mucho más que reeditar un buen libro que esté fuera de catálogo. Hoy día es mejor publicar mucho y reciclar con rapidez, nadie obliga de momento a poner fecha de caducidad en la cubierta de los libros, pero les aseguro que ya no se pudren ni en las estanterías ni en los almacenes. Mejor el tres al precio de uno, cuando el precio de uno ya cuesta lo que sumaban tres (o más).
Si por algo serán recordados muchos de esos «poetas» será por la total ausencia de espíritu crítico hacia la propia obra, una obra que, en general, se fundamenta en la anécdota cotidiana. Cuesta entender cómo no ven lo desfasados que han quedado ciertos versos en menos de veinte años, su ausencia de tensión poética, su superficialidad insulsa, su insostenible adolescencia caducada.

1 Comentarios:
Sabia frase... y tiene mucha razón.
Justo cuando ya has acabado de escribir algo y dejado que la gente lo lea, te das cuetna de que fallaba algo o de algo que podrías haber cambiado :D
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