Babelia, preguntas y antologías
En algunas ocasiones, uno se pregunta cuánto le debe el nombre del suplemento cultural de El País al concepto de Babel y cuánto al término «baba». No es cuestión ahora de analizar la trayectoria del suplemento ni su predilección por ciertas editoriales y, evidentemente, ciertos autores.
En la séptima página del ejemplar del sábado pasado tenemos una buena muestra de las dosis de cal y de arena que contienen sus páginas. A propósito de la aparición de la edición completa de Autorretrato en espejo convexo (DVD) y de la traducción de Secretos chinos (Visor), obras ambas del muy interesante y atrevido John Ashberry, Ángel Rupérez empieza —como, sin inocencia, yo he querido empezar— interrogándose reiterativamente:
«Uno se pregunta sin remedio qué sería entre nosotros de un poeta como John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927) si no viniera avalado por el poder cultural estadounidense y todas las secuelas de valoraciones institucionales que ese poder acarrea: crítica influyente, canonización universitaria, premios de postín, etcétera. Y también uno se pregunta sin remedio por qué razones unos poetas alcanzan esa notoriedad y ese relieve y otros no. ¿Por qué Ashbery va a tener más caché que poetas de su misma época como Mark Strand o Charles Wright -ambos publicados en España por Pre-Textos- si estos últimos son infinitamente más atractivos e interesantes? Algunos se hacen con un puesto y viven de esa renta para siempre. Es el caso de Ashbery aunque también es verdad que se trata de una figura controvertida, venerado por unos y claramente vilipendiado por otros. Esa trinchera se da también entre nosotros: unos se ponen a su vera para escribir posmodernidades más o menos pretenciosas e insulsas y otros nos situamos a una distancia kilométrica que apenas consigue disimular desdén cuando no simple indiferencia.»
http://www.elpais.es/articulo/narrativa/arte/espejo/
extrano/elpbabnar/20060805elpbabnar_17/Tes/
Por fortuna, Ángel Rupérez —que en la introducción a su antología de Luis Cernuda no se preguntaba, sino que se permitía afirmar que «ningún poeta homosexual suena menos homosexual que Cernuda» con todo lo que puede decir de su talante una afirmación de ese tipo— no suele hablar mucho de poesía española, porque en caso contrario sería bueno saber su respuesta al mismo tipo de cuestiones respecto a los poetas españoles que están en el candelero mediático actual. Claro que ¿quién se atreve a ponerle el cascabel a Luis García Montero?, por ejemplo.
Resulta, cuando menos, curioso que el profesor de Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid califique de «volatinero» a Julián Jiménez Hefferman —prologuista y traductor de Autorretrato en espejo convexo y de Tres poemas, título que se le ha escapado al articulista (tal vez porque también está publicado en DVD, que no parece ser editorial de su cuerda)— y celebre la existencia del poema «Autorretrato en espejo convexo» calificándolo de «cima de la herencia de la poesía posromántica», ¡ahí queda eso!
Las opiniones de Ángel Rupérez sobre John Ashbery me parecen muy respetables, aunque no las comparto en absoluto, pero me interesa especialmente su pregunta retórica sobre qué sería de cualquier poeta sin ciertos avales: ¿qué sería del poeta Ángel Rupérez si no fuera profesor en la Complutense?, ¿tendría la misma posibilidad de opinión remunerada en El País?, ¿publicaría sus poemarios con la misma facilidad —Las hojas secas (Trieste), Conversación en junio (El Banquete), Una razón para vivir (Tusquets) y, próximamente, Meditaciones y alabanzas (Calambur)—?
Para la reflexión dejo un fragmento y un poema del crítico y poeta Ángel Rupérez, el primero publicado (¿cómo no?) en El País y en el mismo suplemento que acoge sus reseñas, y el segundo igual, por lo visto,… nos deben faltar poetas.
La casa serenada, de Angel Rupérez
Si apagamos la luz, el tiempo vuelve.
La casa se serena y retorna la vida
acarreando memorias siempre vivas.
Si nos callamos, se oye afuera la débil
luz del tiempo y dentro el crepitar del fuego.
Si acercas el oído, los crujidos
agigantan la vida y oyes el universo
entero reducido a una chispa
que las manos sujetan, y el humo
dulcifica la pretensión sombría
de no ser nada en el tiempo...
En: http://www.elpais.es/articulo/elpbabnar/
20060325elpbabnar_12/Tes/narrativa/casa/serenada
El ser desconocido, de Angel Rupérez
Llevo todo conmigo, todo el ser desconocido,
el ritmo de las zancadas que pisan y aman,
un visillo, un resplandor, mirar y sentir
que la vida me reclama y pide ayuda:
solicitud, costumbre, alabanza, fervor,
entrega y resistencia, una moral del cielo.
Bancos vacíos, silencio, humedad, recogimiento,
¿quién pisa?, ¿qué buscas?; ¿entrarás?, ¿besarás?
Reverbera el sol, una cadencia, corazón,
un territorio recogido como un vuelo veloz,
un rayo fácil de sujetar, un íntimo relámpago.
Tras los visillos alguien desconocido mira
y anota igual que yo lo que el jardín
sugiere al sol que late para colmar
la música que arde en los arbustos florecidos.
¿Para llegar adónde? Más lejos, sin fin,
las hojas que un mirlo picotea, el jardín silencioso,
el cuadro, el camino, la ciudad cuyo cielo
prende en los arbustos de La Castellana,
la verdadera música del corazón colmado.
Por tanto, en el camino está mi principio
y en las calles está mi ascensión a los cielos.
En: http://www.elpais.es/articulo/narrativa/ser/desconocido/
elpbabnar/20050219elpbabnar_21/Tes/
Por último, ya que hablamos de poemas publicados en «Babelia» («Antología de Babel»), en la misma página citada del último ejemplar tenemos un poema de Andrés Trapiello, otro de los autores predilectos del diario, escritor en casi todos los géneros conocidos, y premiado en casi todos ellos, retórico y excesivo como él solo. El poema en cuestión es más bien cursi y previsible, con el tono elegíaco de Brines (pero sin su intensidad):
http://www.elpais.es/articulo/narrativa/Brasas/agua/
elpbabnar/20060805elpbabnar_14/Tes/
Hay que decir que no todo es así en la citada antología, también hay poetas con mayúsculas, pero la selección es errática y de criterio ambiguo, suele primar el interés editorial y, posiblemente, ese «cariño» que, dicen, se construye con el roce poco lector de los amigos. Hoy por ti, mañana por mí ¿hay algo más poético?
En la séptima página del ejemplar del sábado pasado tenemos una buena muestra de las dosis de cal y de arena que contienen sus páginas. A propósito de la aparición de la edición completa de Autorretrato en espejo convexo (DVD) y de la traducción de Secretos chinos (Visor), obras ambas del muy interesante y atrevido John Ashberry, Ángel Rupérez empieza —como, sin inocencia, yo he querido empezar— interrogándose reiterativamente:
«Uno se pregunta sin remedio qué sería entre nosotros de un poeta como John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927) si no viniera avalado por el poder cultural estadounidense y todas las secuelas de valoraciones institucionales que ese poder acarrea: crítica influyente, canonización universitaria, premios de postín, etcétera. Y también uno se pregunta sin remedio por qué razones unos poetas alcanzan esa notoriedad y ese relieve y otros no. ¿Por qué Ashbery va a tener más caché que poetas de su misma época como Mark Strand o Charles Wright -ambos publicados en España por Pre-Textos- si estos últimos son infinitamente más atractivos e interesantes? Algunos se hacen con un puesto y viven de esa renta para siempre. Es el caso de Ashbery aunque también es verdad que se trata de una figura controvertida, venerado por unos y claramente vilipendiado por otros. Esa trinchera se da también entre nosotros: unos se ponen a su vera para escribir posmodernidades más o menos pretenciosas e insulsas y otros nos situamos a una distancia kilométrica que apenas consigue disimular desdén cuando no simple indiferencia.»
http://www.elpais.es/articulo/narrativa/arte/espejo/
extrano/elpbabnar/20060805elpbabnar_17/Tes/
Por fortuna, Ángel Rupérez —que en la introducción a su antología de Luis Cernuda no se preguntaba, sino que se permitía afirmar que «ningún poeta homosexual suena menos homosexual que Cernuda» con todo lo que puede decir de su talante una afirmación de ese tipo— no suele hablar mucho de poesía española, porque en caso contrario sería bueno saber su respuesta al mismo tipo de cuestiones respecto a los poetas españoles que están en el candelero mediático actual. Claro que ¿quién se atreve a ponerle el cascabel a Luis García Montero?, por ejemplo.
Resulta, cuando menos, curioso que el profesor de Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid califique de «volatinero» a Julián Jiménez Hefferman —prologuista y traductor de Autorretrato en espejo convexo y de Tres poemas, título que se le ha escapado al articulista (tal vez porque también está publicado en DVD, que no parece ser editorial de su cuerda)— y celebre la existencia del poema «Autorretrato en espejo convexo» calificándolo de «cima de la herencia de la poesía posromántica», ¡ahí queda eso!
Las opiniones de Ángel Rupérez sobre John Ashbery me parecen muy respetables, aunque no las comparto en absoluto, pero me interesa especialmente su pregunta retórica sobre qué sería de cualquier poeta sin ciertos avales: ¿qué sería del poeta Ángel Rupérez si no fuera profesor en la Complutense?, ¿tendría la misma posibilidad de opinión remunerada en El País?, ¿publicaría sus poemarios con la misma facilidad —Las hojas secas (Trieste), Conversación en junio (El Banquete), Una razón para vivir (Tusquets) y, próximamente, Meditaciones y alabanzas (Calambur)—?
Para la reflexión dejo un fragmento y un poema del crítico y poeta Ángel Rupérez, el primero publicado (¿cómo no?) en El País y en el mismo suplemento que acoge sus reseñas, y el segundo igual, por lo visto,… nos deben faltar poetas.
La casa serenada, de Angel Rupérez
Si apagamos la luz, el tiempo vuelve.
La casa se serena y retorna la vida
acarreando memorias siempre vivas.
Si nos callamos, se oye afuera la débil
luz del tiempo y dentro el crepitar del fuego.
Si acercas el oído, los crujidos
agigantan la vida y oyes el universo
entero reducido a una chispa
que las manos sujetan, y el humo
dulcifica la pretensión sombría
de no ser nada en el tiempo...
En: http://www.elpais.es/articulo/elpbabnar/
20060325elpbabnar_12/Tes/narrativa/casa/serenada
El ser desconocido, de Angel Rupérez
Llevo todo conmigo, todo el ser desconocido,
el ritmo de las zancadas que pisan y aman,
un visillo, un resplandor, mirar y sentir
que la vida me reclama y pide ayuda:
solicitud, costumbre, alabanza, fervor,
entrega y resistencia, una moral del cielo.
Bancos vacíos, silencio, humedad, recogimiento,
¿quién pisa?, ¿qué buscas?; ¿entrarás?, ¿besarás?
Reverbera el sol, una cadencia, corazón,
un territorio recogido como un vuelo veloz,
un rayo fácil de sujetar, un íntimo relámpago.
Tras los visillos alguien desconocido mira
y anota igual que yo lo que el jardín
sugiere al sol que late para colmar
la música que arde en los arbustos florecidos.
¿Para llegar adónde? Más lejos, sin fin,
las hojas que un mirlo picotea, el jardín silencioso,
el cuadro, el camino, la ciudad cuyo cielo
prende en los arbustos de La Castellana,
la verdadera música del corazón colmado.
Por tanto, en el camino está mi principio
y en las calles está mi ascensión a los cielos.
En: http://www.elpais.es/articulo/narrativa/ser/desconocido/
elpbabnar/20050219elpbabnar_21/Tes/
Por último, ya que hablamos de poemas publicados en «Babelia» («Antología de Babel»), en la misma página citada del último ejemplar tenemos un poema de Andrés Trapiello, otro de los autores predilectos del diario, escritor en casi todos los géneros conocidos, y premiado en casi todos ellos, retórico y excesivo como él solo. El poema en cuestión es más bien cursi y previsible, con el tono elegíaco de Brines (pero sin su intensidad):
http://www.elpais.es/articulo/narrativa/Brasas/agua/
elpbabnar/20060805elpbabnar_14/Tes/
Hay que decir que no todo es así en la citada antología, también hay poetas con mayúsculas, pero la selección es errática y de criterio ambiguo, suele primar el interés editorial y, posiblemente, ese «cariño» que, dicen, se construye con el roce poco lector de los amigos. Hoy por ti, mañana por mí ¿hay algo más poético?

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